Como la iglesia continuó creciendo, volvió a surgir la necesidad de mayor espacio. Decidimos mudarnos. Para este tiempo, John y su familia habían ido a Chicago, para sus compromisos de estudio y el pastor Terry Allcorn quedó al frente de la congregación. Después de una larga búsqueda, Terry consiguió que nos alquilaran el antiguo edificio del New Continental, un club nocturno que había sido cerrado por las autoridades gubernamentales y andaba con problemas de evasión de contribuciones. Por ser exclusivamente para operar una iglesia, otorgaron el permiso de uso nuevamente.
En aquel lugar continuó la obra por aproximádamente cuatro años. Se nos unieron muchas otras familias, algunas de las que están aún con nosotros y otras que han ido a vivir a otros lugares. En esta nueva ubicación adquirimos: la familia López de Moca (Wilson, Mary y Wilson Javier). A Danny, que posteriormente trajo a Lydia, su mamá. También se unieron las familias de Tata y Mirta. Los Pérez de Añasco con Ruthie y Juan Carlos. A don Onofre, doña Juanita y Edith. La familia Reguero. Edwin Santiago y sus hijos. Y otros vecinos de aquel lugar.
Durante nuestro tiempo en este espacioso lugar (teníamos tanto espacio que no sabíamos que hacer con él), trabajamos incansablemente para economizar dinero con el propósito de realizar nuestro sueño de adquirir un solar y en el mismo, ubicar nuestro templo. Allí se nos fueron las uñas a algunos y se les peló las yemas de los dedos a otros, mondando guineos y pelando ajos para hacer pasteles y venderlos.
Vendimos muchas cosas, hicimos muchos "Garage Sales" y cualquier idea que produjera dinero era bienvenida. Muchos hermanos cristianos que no conocemos y que quizás nunca conoceremos hasta que vayamos al cielo, movidos por el espíritu de amor y de hacer crecer la obra, aportaron dinero a través de iglesias hermanas en los Estados Unidos. Pero, a pesar de que el lugar era cómodo y extremadamente amplio, ansiábamos nuestro propio lugar, diseñado a nuestro gusto y con fachada de iglesia.
Llegó el momento esperado en el tiempo del Señor y los hermanos Tony y Olga, nos vendieron la propiedad que hoy poseemos. Con la compra se presentó un dilema que hubo que resolver. Ya teníamos solar y ahora había que reanudar esfuerzos para conseguir dinero para el templo. Así que, no podríamos seguir pagando alquiler, porque esa deuda, desangraría nuestro pobre presupuesto y nunca podríamos alcanzar nuestra nueva meta. ¿Qué podríamos hacer? ¡Ponerlo en oración!
Justamente, en el tiempo del Señor nuevamente, terminaron la casa de nuestro hermano pastor John. Él y Mary con mucho amor, agrado y cortesía, nos permitieron seguir reuniéndonos en los bajos de su nueva residencia. De esta manera el dinero del alquiler se ahorraba. Allí en la casa de nuestros hermanos la obra siguió creciendo. Se nos unieron nuevas familias, como la de Tico Berroa, nuevo pastor ayudante, la hermana Annie Cruz, los hermanos Díaz (Ramón, Gladys e hijos), Carla y su niño, Mayra Valentín con su familia y otros más. A pesar de que estábamos un poco incómodos, el Espíritu del Señor se movía se movía entre los hermanos y un hubo gran crecimiento, hermandad y motivación.
Después de dos años, la Junta, inspirada por el Espíritu Santo, decidió analizar la situación. Contábamos con algún dinero ahorrado y decidimos comenzar la construcción del templo, con el objetivo de tener algo; una estructura que acumulara algún valor y así tener algún activo para poder solicitar un préstamo hipotecario para terminar. Como nuestro proyecto estaba en las manos de nuestro Señor y en constante oración, el Señor nos dirigió por la senda correcta y obtuvimos el dinero para terminar.